jueves, septiembre 27, 2012

The newsroom

Me ha gustado mucho la nueva propuesta de Aaron Sorkin. Esperaré con ansiedad la segunda temporada que está prevista para el año 2013.

Todo lo que escribí en mi primer post sobre esta serie tras sólo la visión del primer capítulo sigue siendo vigente una vez vista la temporada completa.

Del mismo modo que en "El ala Oeste de la Casa Blanca", donde hacía un retrato inteligente y talentoso del ideal de la gestión política, en "The newsroom" Sorkin presenta un retrato brillante de la gestión perfecta del oficio del periodismo.

Sorkin realiza una suerte de platonismo, de elaboración de arquetipos ideales de gestión de los poderes de los estados democráticos occidentales. Modelos contra los que medirse y a los que admirar desde la bondad de los ideales y las intenciones que inspiran a sus protagonistas. Probablemente nunca estemos a la altura de su Presidente Josiah Bartlet o de su periodista Will Mc Avoy, pero se trata de modelos, de vidas ejemplares civiles que marcan un ritmo, una pauta y también una frontera entre la ética y la conveniencia absolutamente contracorriente en una época en que Gordon Gecko de la "Wall Street" de Oliver Stone parece ser el referente de conducta.

Se trata de ofrecer ejemplos desde el lado luminoso y en este sentido la propuesta de Sorkin recuerda a la propuesta moral que se encontraba soportando todo el cine del norteamericano Frank Capra, un cine que a su vez suministraba la base ideológica del New Deal del Presidente Roosevelt.

Se necesitan ejemplos de lo bueno que fundamenten una didáctica ciudadana en democracia que increíblemente brillan por su ausencia en unos medios donde prima el mensaje cínico y adaptativo a una realidad sobre la que nadie parece tener control.

 Es cierto que es naif y sentimental, pero lo increible es que no es menos cierto que lo que más necesitamos son esos grandes tontos (ver el último capítulo para entender) para poner un poco de criterio en este desconcierto de intereses, creados o no y de necesidades, reales o no, que desde fuera suena tan desafinado. Y Sorkin pone su granito de arena, ejemplos de tontos que son capaces de arriesgar donde los listos no se la juegan.

Brillante.

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