sábado, julio 21, 2012

Un condenado a muerte se ha escapado

Sin duda alguna la concepción que el director de cine alemán Wim Wenders tiene del cine como instrumento capaz de captar imágenes auténticas y verdaderas sin duda le viene directamente de Robert Bresson.

En su libro "Notas sobre el cinematógrafo", Bresson se sitúa del lado de los hermanos Lumière dentro de la tensión conceptual que acompaña al cine desde su nacimiento. Tensión que define dos polos: por un lado el del cine como fantasmagoría que protagoniza Meliès y por otro el cine como invento capaz de mostrar imágenes reales, verdaderamente reales, inalcanzables de otra manera para el ojo humano.

Asi, y mientras Meliès en su estudio parisino se dedicaba a recrear mil y un imposibles fascinaciones, los hermanos Lumiére se empeñaron en lanzar por todo el mundo un ejército de operadores cinematográficos con el objetivo de captar imágenes de la propia realidad, imágenes no imposibles como las de Meliès sino sencillamente inalcanzables.

Pero Bresson no tiene suficiente con concebir el cine como una herramienta reveladora de realidades, capacitada como ninguna otra para hacer presente mediante imágenes en movimiento la carne y el hueso que la distancia arrebata.

Sin duda influído por su sensibilidad cristiana, Bresson opta por una dirección contraria.

En busca de lo inalcanzable, Bresson no va hacia la realidad sino hacia el interior del individuo.

El objetivo de Bresson es la presentación de una intimidad y a través de ella ofrecer mediante la capacidad de registro del cinematógrafo, como el gustaba llamar al cine, la posibilidad de vislumbrar ese alma humana que él presumía existiendo, animando esa intimidad.

Y en este sentido todas las películas de Bresson se construyen desde un único personaje al que la cámara sigue de una manera obsesiva y dentro de una historia que a veces parece importar menos que el modo en que el personaje es afectado y se enfrenta a ella.

La aspiración de Bresson es brutal... revelar desde la sinceridad de unas imágenes transparentes y puras una verdad única y transferible. Así, su cura en "El diario de un cura de campaña", su carterista en "Pickpocket" o este encarcelado perteneciente a la resistencia francesa frente a la ocupación alemana durante la segunda guerra mundial que protagoniza la película que nos ocupa aspiran a ser mucho más que meros personajes al servicio de una historia. Aspiran a ser una verdad que se muestre incontrovertible a través de lo elocuente que tiene su propia autenticidad mostrada de manera transparente. Casi nada...

El que les escribe, que no participa en demasía de la sensibilidad de Bresson, no tiene muy claro que ese propósito final sea conseguido, que lo que se muestra no sea más que una fantasmagoría por así decirlo "indoor" pero muy similar a la de Meliès, pero lo que no puede negar (porque ni quiere ni puede ni debe) es que todas las películas de Bresson son sobrecogedores espectáculos basados en la puesta en imágenes de la pura vivencia, del ser humano absorbido en la tarea de ocuparse de su propia existencia.

Y en este sentido el cine de Bresson es único e inigualable.

"Un condenado a muerte se ha escapado" es para mi gusto una de sus mejores películas.

Nos cuenta la aparentemente sencilla historia de un resistente encarcelado por las tropas de ocupación alemanas durante la Segunda Guerra Mundial. Con detenimiento meticuloso Bresson nos narra el esfuerzo de este individuo en llevar a cabo el plan de su fuga y termina mostrándonos un tremendo retrato de la fe, la decisión y la perseverancia necesaria para llevar a cabo ese proyecto, que prácticamente el protagonista lleva a cabo con sus propias manos y con su ingenio.

Y también con la solidaridad de sus compañeros de cárcel, porque para Bresson el sentido de esas existencias ocupadas cuya intimidad esencial pretende mostrarnos en busca del alma (quizá con la secreta intención de que nos convirtamos) está en los demás, ámbito donde esa existencia encuentra el apoyo decisivo para su proyecto ya sea de forma material o emocional.

El resultado además es una película que, pese a su evidente carga metafísica, está a la altura de las mejores dentro del cine de fugas aunque para Bresson la aventura más decisiva sucede de piel para dentro.

Y por supuesto Mozart...

Obra maestra.

viernes, julio 20, 2012

No hay democracia que valga en una sociedad compuesta por individuos cuyas vidas carecen de estabilidad en lo esencial y que no cuentan con la tranquilidad de una vida decente para poder construir un punto de vista sobre las cosas.

No sólo se trata de un tema económico... Es más, fundamentalmente no es un tema económico. Se trata de un tema eminentemente político.

Las políticas neoliberales generan sociedades desiguales basadas en la concentración de la mayor parte de la riqueza en manos de unos pocos. Esa utopía solo tiene un problema: en política, y en democracía, el voto de cualquier hombre vale lo mismo. Y los desheredados constituyen una mayoría política que en una situación de normalidad no va a ceder bienestar a cambio de inseguridad.

La única solución es desequilibrar esas sociedades, sumirlas en un caos que les lleva a tener que decidir entre el susto o la muerte.

O se hace ésto o no habrá dinero para pagar vuestras nóminas, porque ésta es la realidad, dicen los miserables capataces mientras sus dueños, las bestias humanas, asienten.

No hay otro camino para neoliberalizar: destruir y aprovechar la inseguridad para generar una espiral de miedo que salve las barreras democráticas.

Y si no hay crisis se producen con políticas basadas en los recortes y el estrangulamiento.

No es una crisis económica, es un complot contra las libertades.

El neoliberalismo es un vestigio del siglo XX.

La última de sus doctrinas totalitarias, más poderosa por haber sido perfeccionada tras aprender de los errores cometidos por sus predecesoras.
El gran problema de esta crisis es un asunto de timing.

Lo que está construyendo esa estupenda realidad a la que los miserables nos remiten como algo incuestionable es el tiempo en que el acreedor, pensando sólo en el interés de sus propios bancos (y no en el de los Europeos) son los tiempos brutales para conseguir estar en el nivel definido como aceptable en los indicadores.

Reducir tantos puntos de déficit público en tan poco tiempo obliga a recortar y hace inviable el estado del bienestar... y lo hace inviable porque ese es el verdadero objetivo.

El verdadero objetivo es el estrangulamiento de los estados via exigencias de corrección de dificit basada en timing brutales que se intentan conseguir mediante políticas de ajuste que no contemplan acciones de crecimiento.

El resultado es un circulo vicioso, una espiral de estrangulamiento que incrementa el estado de shock de los ciudadanos que puestos entre la espada y la pared por los políticos serán ellos mismos quienes renuncien a unos derechos luchados por generaciones anteriores.

Ya se está viendo... Aprobemos ésto que no hay dinero para las nóminas.

¿Cómo va a haberlo si se está siguiendo un curso de acción que deprime la actividad económica?

Por supuesto que otra realidad es posible.


Y también que hay mucha bestia humana suelta. 

La delicadeza

Vaya por delante que el que les escribe no es un fan de las películas románticas. Como ya he escrito alguna vez, me gustan las historias en las que el amor es un componente esencial de las mismas, pero no el aspecto principal de la historia. Al igual que en la vida misma, el amor surge de pronto, cuando estás ocupado haciendo otra cosa... Resumiendo mi ejemplo de película de amor es "Abyss" de James Cameron, con eso lo digo todo.

También me ponen los pelos de punta los libros que la gente lee mucho... suelen ser historias absurdas que no me gustan nada, clichés y pastiches que intentan conseguir el aprobado en literatura...

Asi que, en principio, está película, sin duda existente a mayor gloria de Audrey Tatou pues le permite conjugar todo su encantador y eficaz repertorio de morritos y guiños, lo tenía bastante difícil conmigo, pero... la verdad es que la delicadeza tiene su punto.

Nos cuenta la historia de Nathalie (Audrey Tatou), una mujer joven que de manera inesperada queda viuda volcando toda la energía de su vida en el trabajo. Allí conocerá a Markus (François Damiens), alguien que parece estar en las antípodas del hombre que podría enamorar a una mujer como Nathalie, pero del que poco a poco, de una manera delicada, terminará enamorándose.

Tras una primera media hora un tanto extraña, sobre cuya manera de narrar sobrevuela el imposible fantasma de Wes Anderson (cuántos crímenes empiezan a cometerse en su nombre), la película adquiere una tranquila velocidad de crucero a través de la que se nos narra esta historia no sin bastantes altibajos, pero que cuenta en su haber con algún que otro momento con encanto cuya sabia situación a lo largo de la historia ha permitido al que les escribe llegar al final de la misma... como ese maravilloso en que Nathalie coge la mano de Markus y enseguida se duerme llena de paz.

La delicadeza tiene algunos momentos así... delicados, que emocionan

Además, sobre toda ella brilla el nada dudoso encanto delicado de Audrey Tatou que está estupenda en un papel que le va como anillo al dedo.

Entretenida.

The killing

Uno de los grandes temas del cine y la novela  negra es la ciudad en sí misma.

La ciudad concebida como un peligroso mecanismo integrado por una trama de intereses cuya existencia resulta invisible para una mayoría que vive en la ignorancia, confiada bajo el cielo azul de un sistema de garantías y libertades que hace posible su vida cotidiana.

No obstante, de cuando en cuando, se producen puntos de contacto entre esa superficie y la corriente profunda, inconsciente de intereses que realmente sustenta el mecanismo que, a su vez, sustenta esa superficie cotidiana.

De cuando en cuando alguna circunstancia de esa superficie interfiere en el desenvolvimiento natural de ese mecanismo casi animal de intereses y se produce el acto fallido, el crimen, un evento que debe ser investigado y es aquí cuando interviene la figura trágica del policía, quién como Sísifo está entregado a reestablecer el orden y el sentido de la justicia en una ciudad que en realidad está sostenida por ese mecanismo ciego, pura voluntad, para el que el bien y el mal no pasan de ser en el mejor de los casos incómodas etiquetas para definir actos que resultan necesarios por sí mismos.

En este sentido, resolver un crimen se convierte en una tarea peligrosa que lleva la luz del día a lugares que jamás han sido tocados por ella, una tarea que pone en peligro muchos intereses y que moviliza a ese sistema en la necesidad de evitar la molestia de tener que rendir cuentas a alguien que por su fuerza de voluntad a llevado demasiado lejos ese relato de ley y orden que sólo existe para mantener unido al rebaño,. allá en la superficie.

En cualquier caso, el esforzado gesto del héroe exige un precio, lo que pone de manifiesto en su esfuerzo por saber de esa profundidad ignorada exige un gesto como contrapartida que cierre la incómoda grieta abierta y devuelva la situación a su status quo inicial.

Hay un escenario que mantener, un escenario que precisamente justifica su existencia para ocultar la existencia de esa parte trasera.

La relato de la ley y el orden debe ser escenificado y un culpable debe ser ajusticiado para que la ciega maquinaria de intereses creados siga existiendo.

La segunda temporada de "The killing", sin ser nada del otro mundo, participa claramente de este estilema descrito: el hombre -en este caso mujer- contra esa ciudad que ha inmolado la vida de una inocente joven cuyo destino, en el instante y lugar equivocados, se ha puesto en el camino de un rizo de acción de esa mecánica.

Profundizar en el asesinato de Rosie Larsen es profundizar en esa descarnada trama de intereses que convierte la ciudad en un lugar desasosegador y peligroso, donde abundan personajes que resultan tan culpables como el que se revela como el asesino "de facto" de la adolescente, el eslabón más débil y prescindible de una interminable cadena de intereses que no cesa de moverse en un movimiento perpetuo basado en la voluntad y la necesidad.

The killing no es The wire, no es una obra maestra, pero merece la pena sumergirse en esa atmósfera gris y lluviosa de Seattle siguiendo los pasos de los agentes Linden y Holden en busca del misterioso asesino de Rosie Larsen.



miércoles, julio 18, 2012

VIDA DE OHARU, MUJER GALANTE

Seguramente influido por circunstancias desgraciadas de su propia vida el cine de Kenji Mizoguchi pivota sobre el melodrama para construir un retrato agrio de la vida y sus exigencias.

Por entre las imágenes de un cine que Mizoguchi construye con una maestría casi pictórica destellan historias en las que sus protagonistas viven sus existencias sometidos a la precariedad de un destino cruel que tarde o temprano acaba pronunciando su agria sentencia.

La alegría, la estabilidad, la paz, la tranquilidad son aspectos pasajeros que distraen con sus aconteceres episódicos a sus personajes de una realidad compleja y desconsiderada con el deseo, rebosante de desgracias y sin sabores que constantemente amenazan todos los esfuerzos de los protagonistas de sus historias por construir un espacio de calma en el que detenerse y descansar.

Y en este aspecto, Mizoguchi está muy cerca de Kurosawa, otro gran maestro de la época clásica del cine japonés. Para ambos la vida es un animal hermoso que siempre se termina volviendo para morder la mano que distraída la acaricia. Luego llegan las diferencias que en absoluto logran borrar ese punto esencial común entre ambos maestros y en este sentido Kurosawa va mucho más allá que Mizoguchi en la profundización dentro de ese caos sinsentido en el que los seres humanos se descubren un día arrojados.

Mizoguchi es más constructivo.

En todas sus películas siempre hay un personaje que se resiste, que es portador de una esencia de hermosa nobleza cuyo destino siempre encaminado a la derrota Mizoguchi gusta mostrar. La mujer a quién el marido no escucha en "Los cuentos de la luna pálida" o la bella y desgraciada Oharu en la película que nos ocupa... Casi siempre mujeres... Seguramente un retrato de la madre que con gran esfuerzo y sacrificio, en contra de una realidad exigente y cruel, sacó adelante a la familia del propio Mizoguchi.

Por eso, buena parte de las películas de Mizoguchi se mueven dentro de las claves del melodrama como género cinematográfico. Porque el melodrama siempre describe el enfrentamiento autodestructivo y destructivo de un personaje protagonista contra un mundo.

Sus protagonistas resumen lo mejor del temperamento romántico en un sentido amplio: la inevitable escucha de la voz interior frente a las otras voces que se escuchan desde fuera y el consecuente enfrentamiento contra el mundo buscando imponer a toda costa un criterio individual, una manera heterodoxa de entender las cosas.

Y en este sentido, la historia de Oharu es un melodrama tremendo, con todas las de la ley, en el que Mizoguchi pone por obra el rigor cruel de un destino trágico, el de una cortesana de la corte del emperador que por amor se verá desterrada y alejada del exitoso plan de vida que todos tenían previsto para ella.

Así, ese acontecimiento marcará su vida que se verá en un constante encuentro con el infortunio, pero en la que también brillará la poderosa la entereza del personaje protagonista quién, pese a todo, se las arreglará para mantener intacta esa manera de ser a la que no puede hacer otra cosa que deberse.

"Vida de Oharu"  es una de las obras maestras de Mizoguchi.

martes, julio 17, 2012

Lo he encontrado...

"Dos años después de las declaraciones de Williamson sobre la idoneidad de avivar las crisis, Michael Bruno, economista principal del Banco Mundial en el ámbito de la economía del desarrollo, se hizo eco en público de esa misma línea de argumentación sin atraer la atención tampoco ni la atención ni el escrutinio de los medios. En una conferencia impartida ante la International Economic Association en Túnez, en 1995, que luego se convertiría en una publicación del Banco Mundial, Bruno informó a los quinientos economistas allí congregados (y procedentes de 68 países distintos) que cada vez existía un consenso más extendido en torno a la idea de que una crisis lo suficientemente amplia podría conseguir impresionar a los decisores políticos hasta tal punto que éstos se decidieran finalmente por instaurar reformas destinadas a potenciar la productividad. Bruno señaló a América Latina como ejemplo destacado de crisis profundas que aparentemente han resultado beneficiosas y, en particular, a Argentina donde, según dijo, el presidente Carlos Menem y su ministro de economía Domingo Cavallo, estaban haciendo una gran labor de aprovechamiento del ambiente de emergencia que allí se respiraba para imponer un hondo y amplio proceso privatizador."
(La doctrina del shock, Naomí Klein)

Este es el modelo que el totalitarismo neoliberal ha seguido en las democracias... como sus planteamientos generan desigualdad social y la gente no va a votar para tener una vida peor, optan por soluciones "out of the box" basadas en la crisis y generar un shock en la sociedad lo suficientemente grande como para que la gente, puesta entre la espada y la pared, opte por la pared.
La espiral de estrangulamiento de las políticas de ajuste constantes tiene ese sentido perverso y estratégico.
Y además como solución es perfecta porque es autoexplicativa ya que los objetivos de déficit nunca se consiguen, por supuesto, porque la economía se deprime aún más.

En el siguiente giro de la espiral irán las pensiones... y por supuesto unas cuantas vidas pequeñas tiradas a la basura pero ya se sabe que en la sala de operaciones de los grande diseños abundan también las victimas sacrificables y los daños colaterales.

lunes, julio 16, 2012

Pues claro que los que desde el poder proponen únicamente políticas de ajuste son conscientes del circulo vicioso de estrangulamiento al que las sociedades son sometidas.
Claro que lo saben.
Y ya va siendo hora de decir las cosas claras.
No son tontos, algunos de ellos puede que sean incompetentes, pero lo que son, sobre todo, es malos... entendiendo por maldad el perseguir el interés de parte hasta el extremo de comprometer a la mayoría.
El objetivo es someter a las sociedades a un punto de estrés en el que puedan hacer lo que quieran poniendo a las personas en el umbral de elección entre el susto y la muerte. Enfrentados a la posibilidad del caos, el ser humano prescindirá de cualquier cosa: sanidad pública, pensiones... y cualquier cosa que se ponga por delante.
Y no es nuevo.
La mecánica del interés y el terror está perfectamente descrita en "La doctrina del shock" por Naomi Klein.
El poder produce una realidad y sus voceros se limitan a reconocerla como inevitable e incuestionable.
Es la manera que tiene el neoliberalismo de gestionar su proyecto en las sociedades democráticas. Para ellos, una crisis siempre es una oportunidad para conseguir muchas más cosas.
¿Porque quién puede ir en contra de la realidad?
Pero lo que se olvida es que la realidad es un producto, siempre pertenece a alguien y aceptando según qué realidades, en realidad se acepta algo que es propiedad privada de alguien.
Y esta realidad que nos piden aceptar... nos piden... en realidad nos están exigiendo que la aceptemos de manera indirecta... Esa realidad no nos pertenece.
Y además hay realidades que el ser humano no se puede permitir aceptar por dignidad.
Se trata de rebelarse.
La solución está fuera de la caja, porque dentro todo es inevitable.

La realidad se produce.
Socialmente siempre es un efecto, no una causa.
No dejes que los miserables te engañen.

ALEGRÍA

No se podía medir en metros
la distancia que le separaba de todo aquello.
Podría acercarse, sonreirles, abrazarles, tocarles,
pero seguiría estando lejos, muy lejos
de aquella radiante alegría
que reventaba los rostros
insinuando el fantasma de la felicidad
con trazo nervioso y grueso
sobre una superficie cubista de abrazos y besos.

No se trataba sólo de una cuestión de espacio,
también intervenía el tiempo,
mejor dicho todo lo que sucedía
era una pura cuestión que concernía a su reflejo,
al instante que presenciaba.
Porque, en realidad, nada contemplaba.
Se interponía translúcido el peso de una ausencia,
la presencia del vacío
de todas las alegrías pasadas ya extintas,
alegrías que ya ni siquiera recordaba,
si habían sucedido en vano o no,
si en alguna ocasión fueron o no de provecho.

Desde el otro lado del espejo
el veneno de la memoria empezaba
a ser un viejo conocido que una vez más
le arrebataba al instante su condición de eterno.
Lo sabía, pero aún no estaba todo perdido.
Todavía no había olvidado que era un veneno
más poderoso el de la alegría
y que era inevitable que se acercase,
que empezase a construir su personaje
desde fuera, abrazándose, besándose,
cantando, bebiendo,
con la secreta esperanza de que esa ficción
llegase lo suficiente adentro como para convertirse,
el tiempo que durase, en algo cierto.

domingo, julio 15, 2012

Los paraguas de Cherburgo

Todo un descubrimiento para el que les escribe el cine de Jacques Demy.

Una característica de la generación de cineastas que empiezan a hacer cine a finales de la década de los 50 es el cuestionamiento del modo clásico de hacer cine. Los hijos de los padres que se devoraron vivos en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial plantean una diferencia general que se materializa a lo largo de la década de los 50's de maneras muy distintas y el cine, el entretenimiento por excelencia de aquella sociedad, no podía quedar fuera.

En Europa este fenómeno fue mucho más acusado: Nouvelle Vague, Free Cinema Inglés, Nuevo cine alemán; pero en los Estados Unidos, la llamada generación de la televisión (Peckhinpah, Lumet, Paddy Chayefsky, Bogdanovich o Penn), realiza una función similar en el desarrollo generacional de la industria... Utilizando las ventajas de la tecnología, nuevos equipos de rodaje más ligeros que convertían al hecho de rodar cine en una experiencia más flexible e inmediata buscaban por un lado introducir temáticas, propuestas de pensamiento y vida, maneras de contar más acordes con el sentir de una nueva era y por otro revisar las esquematizadas estructuras narrativas de los géneros para, haciendo coincidir fondo y forma, vehiculizar esos nuevos contenidos y maneras.

Parte de esa revisión implicaba el cuestionamiento, la traducción al escepticismo de esos mismos cánones narrativos.

En este sentido, es un magnífico ejemplo la revisión que Sam Peckinpah hace del western, un género conservador por excelencia, introduciendo claves nihilistas y sentidos existencialistas en historias que tienen siempre un importante punto de enloquecido enfrentamiento de ese individuo, que el western ensalzaba, contra un mundo que de pronto se muestra poderoso e invencible.

Y cito a Peckinpah porque, en mi opinión, Demy desempeña ese mismo papel deconstructor dentro del musical, el otro género cinematográfico por excelencia.

Hasta Demy el musical es un género que escenifica por excelencia el relato sentimental de un estilo de vida, de una ideología que el cine ha vehiculizado a espuertas  y, del mismo modo que Peckinpah, Demy introduce el mismo tipo de claves nihilistas y existencialistas propias de la época, de manera más acusada si cabe que Peckinpah en el western, claves que desarticulan el carácter circular de ese relato.

Y en este sentido el musical escenifica como ninguno narrativas más o menos subliminales que buscan reforzar el deseo del individuo. Con su constante glorificación del amor romántico, el musical escenifica el mito capitalista de la oportunidad y el éxito que espera a todos los que perseveren y lo hace en una especie de equivalente del mundo Disney en el mundo de los adultos.

Nada puede oponerse al deseo del individuo, si ese deseo es verdadero.

Sobre esa circularidad, Demy trabaja para imbricar el cuestionamiento, la ruptura... El amor como muchas otras cosas en la vida no tienen por qué llegar y si lo hace tampoco tiene por qué hacerlo de la manera en que se le espera.

El individuo no tiene la última palabra. Su destino se escribe y reescribe constantemente en el tiempo.

"Los paraguas de Cherburgo" muestra precisamente esa levedad que afecta al destino del humano. Nos cuenta la historia de un amor imposible, el de los adolescentes Genevieve (Catherine Deneuve) y Guy (Nino Castelnuovo) a quienes la vida terminará separando.

Dividida en tres partes, partida, ausencia y regreso, "Los paraguas de Cherburgo" es la crónica melancólica y amarga de una perdida que se termina apareciendo como inevitable y contra la que nada pueden hacer ninguno de los dos amantes.

La vida manda, tiene otros planes para ellos y el resultado final termina siendo algo muy distinto a lo inicialmente planeado por ellos en un final melancólico y amargo, de los más grandes que el que les escribe recuerda, una verdadera magdalena de Proust que el maestro Demy moja en el interior de la mirada de cada espectador.

Obra maestra.





"Me escuchó, sentado con las piernas cruzadas. A veces su cabeza desaparecía por completo en una gran erupción de humo, y un gruñido de simpatía surgía de entre la nube. Cuando terminé, descruzó las piernas,dejó la pipa, se inclinó hacia delante, hacia mí, con avidez, con los codos en los brazos de su sillón, las yemas de los dedos juntas.
-Entiendo muy bien. Es romántico.
Me diagnosticó el caso, y al principio me sobresalté al descubrir cuán sencillo era. Y en verdad, nuestra conferencia se parecía mucho una consulta médica: Stein, de aspecto erudito, sentado en un sillón,
delante de su escritorio; yo, ansioso, en otro, frente a él pero un tanto un costado... y me pareció natural preguntar:
-¿Qué es bueno para eso?
Levantó un largo índice.
-¡Hay un solo remedio! ¡Una sola cosa puede curarnos de nosotros mismos! -El dedo descendió al escritorio con un golpe vivaz. El caso que había hecho parecer tan sencillo, hacía un momento, se volvió
más sencillo aún, si eso era posible... y desde todo punto de vista desesperado.
Hubo una pausa.
-Sí -dije-, hablando en términos estrictos, el problema no es cómo curarse, sino cómo vivir.
Aprobó con la cabeza, en apariencia con cierta tristeza.
-¡Ja! ¡Ja! En general, para adaptar las palabras de su gran poeta: ese es el problema... -Continuó asintiendo con simpatía: - ¡Cómo ser!¡Ach! Cómo ser.
Se puso de pie, con las yemas de los dedos apoyadas en el escritorio.
-Queremos ser en tantas formas distintas –continuó. -Esta magnifica mariposa encuentra un montículo de tierra y se queda inmóvil en él. Pero el hombre nunca permanece inmóvil en su montículo de barro.
Quiere ser así, y después quiere ser de otra manera... -Movió la mano hacia arriba, luego, hacia abajo...- Quiere ser un santo, y quiere ser un demonio... y cada vez que cierra los ojos se ve como un individuo
espléndido... tan espléndido como jamás podrá serlo... en un sueño..."
(Lord Jim, Joseph Conrad)

sábado, julio 14, 2012

"Al frente de la infantería estaba el teniente Zúbarev, que antes de la guerra había estudiado canto en el conservatorio. A veces, por la noche, se acercaba con sigilo hasta las líneas alemanas y entonaba «Oh, efluvios de la primavera, no me despertéis» o el aria de Lenski de Eugenio Oneguin. Cuando le preguntaban qué le empujaba a subirse a un montón de cascotes para cantar, aun a riesgo de poner en peligro su propia vida, Zúbarev eludía dar una respuesta. Quizás allí, donde el hedor de los cadáveres flotaba en el aire día y noche, quería demostrar, no sólo a sí mismo y a sus camaradas sino también a los enemigos, que las fuerzas destructoras, por poderosas que fueran, nunca podrían borrar la belleza de la vida."
(Vida y destino, Vasili Grossman)

La personalidad neurótica de nuestro tiempo

Ahora que cielo ha perdido su amable y hermoso color azul protector y nos muestra su negrura esencial, una negrura que incluso quienes debieran ser los mejores de nosotros aceptan sin pestañear. Ahora que descubrimos que sigue habiendo clases  y que siguen existiendo unos propietarios de los medios de producción cuyo omnímodo poder les lleva a definir las reglas de una realidad inapelable para el resto de mortales, que somos mayoría, necesitamos munición intelectual para combatir el destructivo absurdo que implica esa siniestra e irritante calma con la que se nos explica el horror y el absurdo.

Ahora, precisamente ahora, no estaría mal subir a los desvanes para recuperar las viejas armas, los viejos libros en los que nuestros abuelos encontraron el sueño que también nosotros debiéramos hallar: que nada ese inevitable si hay hombres de por medio, que todo es mentira y que otros mundos podían ser posibles en éste.

Y no es casualidad que los grandes padres pensadores de la critica a la modernidad y a su monstruo, el sistema capitalista, Hegel, Marx, Nietzsche, Freud, Escuela de Frankfurt, Baudrillard, todos, hayan sido cuestionados, criticados hasta la saciedad y rapidamente olvidados, viendo reemplazado el incómodo dramatismo estratégico de sus planteamientos por pensamientos más hedonistas, tácticos y postmodernos, que sólo buscaban la descripción y la gestión de una opulencia que estaba ahí para quedarse eternamente y que por tanto era estúpido e innecesario cuestionar... y más teniendo en cuenta el fracaso sangriento y gris que chirriaba al otro lado del telón de acero.

Pero sobre esa base idílica de final de la historia someramente descrita en el párrafo anterior, una perversa y silenciosa Ariadna ha venido tejiendo con materiales más amables -eso, sí- una nueva cárcel en la que de pronto nos encontramos sumidos, nosotros, la especie de la voluntad y los sueños, atada de pies y manos a una realidad que se manifiesta implacable e inamovible.

Y quién en primer lugar necesita armas es la cabeza y las precisa para disparar al cielo oscuro de la realidad inapelable que se nos presenta buscando producir agujeros a través de los cuales brille la esperanza de un sentido nuevo y más justo.

Las estrellas no nacen, se hacen.

Hegel, Marx, Freud, Baudrillard proporcionaron modelos teóricos de análisis y crítica que en absoluto están superados si no se les entiende por las circunstancias y se va más allá, a la esencia crítica de su pensamiento.

Freud es uno de ellos... uno de los más cuestionados y cuestionables... si no se entiende su psicoanálisis como una doctrina que ha ido evolucionando con el tiempo.

"La personalidad neurótica de nuestro tiempo", escrito en 1937 por Karen Horney significa uno de esos grandes puntos de evolución del paradigma capacitándolo aún más como herramienta crítica a nivel macro y micro de nuestra sociedad.

En pocas palabras Horney da un giro copernicano al paradigma considerando lo sexual como una manifestación más de un fenómeno que funda lo social y que es el proceso de socialización, es decir, el proceso por el que individuo aprende a desenvolverse en sociedad.

Horney recoge la teoría social del psicoanálisis expresada por Freud fundamentalmente en "El malestar en la cultura" , trabajo en el que describe ese proceso de tensión entre el sujeto deseante y las necesidades constrictivas de una sociedad, que necesita generar un orden al que los sujetos deben someter el egoísmo de su deseo si lo que se quiere es construir algo en común.

Este proceso de sometimiento que Freud, como no podía ser de otra manera, centra en lo sexual, tampoco puede ser nada más que un proceso represivo que se manifiesta en restricciones tan básicas como el incesto, que permite establecer el orden familiar (evitando que padre e hijo puedan llegar a pelear por la misma mujer: la madre) y es en la familia donde se produce los momentos más importantes de ese proceso de socialización.

Horney abandona el protagonismo de lo sexual y se centra en lo cultural, en todo el conjunto de normas, roles e instituciones que el niño debe conocer y respetar para poder funcionar en colectividad. Y en este proceso siempre se produce represión, una energía que genera ese inconsciente que constantemente se manifiesta por las rendijas que deja nuestra vigilia consciente y racional.

La neurosis no es otra cosa que la manifestación como cuadro clínico de esa tensión entre realidad y deseo, entre lo que Freud llamaba el proceso erotico constructivo de fundirse con el otro para crear algo en conjunto y el proceso tanático de consumirse y consumir a los otros persiguiendo unicamente la satisfacción del propio deseo.

La necesidad que el hombre tiene de lo social le obliga a poner límites a la voluntad animal del cerebro reptiliano y convierte al individuo en un campo de batalla, en un lugar donde se produce la constante tensión entre dos fuerzas contradictorias y que por mor de su propia ley de gravedad entran en constante colisión.

En este sentido, y para Horney, todos tenemos la potencialidad de ser neuróticos principalmente porque esa tensión está en nosotros.

El problema como siempre tiene que ver con el lugar donde se traza línea y si esta se cruza o no. Esta misión corresponde al propietario de un saber clínico que con criterios meramente operativos y funcionales la traza: la neurosis empieza cuando esa sombra inconsciente usando terminología jungiana es lo suficientemente fuerte como para interponerse entre el sujeto y las necesidades de su vida consciente, constructiva.

Y en este aspecto la última evolución del sistema capitalista que es la sociedad de consumo intenta capitalizar, como no podía ser de otra forma, ese deseo dirigiendo a él toda su estructura de comunicación, intentando penetrar por la misma dirección pero en contrario sentido esos resquicios de la racionalidad por los que habitualmente se manifiesta.

Los problemas y los riesgos son obvios, desestabilizando aún más la estabilidad de los individuos que no es más que una fina película de razón surgida a base de represión sobre un profundo e insondable mar de energía que como sostenía Jung se extiende más allá del espacio y del tiempo.

Horney dedica buena parte del libro a describir no tanto la génesis como la variada sintomatología neurótica que un aprensivo como el que les escribe a disfrutado/sufrido identificándose hasta en el más pequeño de los aspectos.


El psicoanálisis no es un paradigma desechable en absoluto.

Desde el punto de vista clinico se basa en un sistema tan antiguo como la curación mediante el relato y la palabra y desde el punto de vista macro ofrece una radiografía bastante ajustada para explicar la fragilidad del individuo y su carácter animal-racional así como los pilares oscuros sobre los que descansa cualquier organización social ofreciendo un modelo psico-sociológico nada desdeñable siempre que lo que uno busque sea el conocimiento.
"Hemos tomado decisiones que no iban en nuestro programa electoral porque no había otra posibilidad de sacar adelante el país."
(Soraya Ruiz de Santamaria)

Si me preguntan lo que más detesto en todos ellos ese ese satisfecho conformismo con el que están mandado el país a la ruina.
Por lo menos, ahora han aprendido a escenificar una tristeza que puede que sientan, aunque seguramente les puede mas ese sentimiento de satisfacción tecnocrático que no pueden disimular, un sentimiento parecido a la emoción que exhibe el empollón de la clase cuando consigue un nuevo sobresaliente.
Y en el fondo ésta es una de las principales miserias de lo que podría llamarse la sensibilidad de la derecha, la constante búsqueda de una realidad a cuyas exigencias plegarse absolutamente, planteandole a la realidad una suerte de relación sadomasoquista en la que la parte sádica se limita a imponerse y la masoquista se pliega a esa imposición con la satisfacción en los labios de estar en lo cierto, cediendo sin lucha alguna una de las mayores responsabilidades con las que por el hecho de existir el hombre incurre con la vida y que no es otra que chocar contra las cosas, revelarse contra las imposiciones persiguiendo, más o menos ciegamente, la posibilidad de entornos y escenarios mejores.
Y la verdad es que va en contra de lo más esencial del ser humano que se siente libre y capaz de todo y que no se la pasa por la cabeza la posibilidad de ser un esclavo de las cosas que él mismo crea otorgándoles un sentido. Un ser humano que mediante ese mismo sentido no se construye una cárcel sino un espacio transparente de acción en el que el ancho y ajeno mundo, con sus complejidades y peligrosos, nunca tiene jamás la última palabra. Un ser humano que por respeto a sí mismo jamás acepta que no existe otra posibilidad en una situación dada.
Seguramente nunca hubiéramos salido de la caverna si hubiésemos echo caso a los que no quieren salir de la caverna ni abandonar la costa para internarse en el mar navegando. Hubiéramos desaparecido sin dejar rastro como especie si individuos como Rajoy o Soraya fueran los dominantes en nuestra manada.
Y en este sentido es una lástima que después de tanto esfuerzo todo culmine en una sociedad cuyos gobernantes, que debieran ser los primeros entre los pares, aceptan encogiéndose de hombros la injusticia como parte de una realidad que para la infame comodidad de su muy conveniente tranquilidad consideran inapelable.
El cínico planteamiento que reconoce la injusticia de una situación pero al mismo tiempo su inevitabilidad nos rebaja en nuestra condición de seres humanos. Entre otras cosas porque el sentido no es un elemento del entorno que tenga vida propia sino que es un producto de nuestra voluntad y sobre todo de nuestro intelecto. Jamás es una realidad objetiva sino una realidad de parte que se impone: el interés de unos pocos lanzado en contra de la conveniencia de la mayoría.
Una situación nada democrática que quienes debieran ser los mejores de nosotros no solo reconocen sino que aceptan encogiéndose de hombros y agachando la cabeza.
Cincuenta mil años de evolución para esto, para reproducir a escala una representación de la selva de la que con el impulso civilizador quisimos escapar construyendo una cultura.
Un completo fracaso de la naturaleza o de Dios, marquen la casilla que quieran.

jueves, julio 12, 2012

Y llega Jean Ziegler...

"vivimos en un orden mundial criminal y caníbal, donde las pequeñas oligarquías del capital financiero deciden de forma legal quién va a morir de hambre y quién no. Por tanto, estos especuladores financieros deben ser juzgados y condenados, reeditando una especie de Tribunal de Núremberg."

El vicepresidente de la ONU, Jean Ziegler, recomienda a España no pagar la deuda a la que califica de odiosa e ilegítima
Las medidas de austeridad sin políticas de activación de los ingresos son un circulo vicioso de depresión: se deprime la actividad económica y no se recauda lo esperado por lo que los objetivos perseguidos no se consiguen y es necesario un nuevo ajuste.

A los oportunistas del desastre les interesa esta situación porque, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, es posible realizar un ataque ordenado al estado del bienestar. Es sencillo. Basta con someter al gente a un estado de shock tal que cuando se le pregunte si prefiere susto o muerte, prefiera susto. Y eso es lo que se está haciendo cuando al grito de "no hay dinero" algún tonto útil o interesado declara como inevitables situaciones que colocan a seres humanos entre la espada y la pared.

Y no... Para ciertos asuntos no se puede esgrimir la escusa de "no hay dinero" sin revelar la miserable condición... Si no lo hay, se pinta o se llora amargamente como la ministra italiana. Cualquier cosa menos esa repugnante actitud sabionda de esperar el diez tras recitar de memoria y correctamente la lección.

El miserable no quiere que ayuden a otros si no le ayudan a él, pretende castigar a los que a su parecer se han equivocado, se refugia en lo que considera una realidad inapelable cuando le conviene pero cuando no le conviene considera que hay que cambiarla, se acuerda de los números y olvida a las personas, da la razón al poderoso y cuestiona los motivos del débil... Estén atentos. Intenten reconocerlos. Márquenlos con una cruz de tiza en la espalda como en "M" de Fritz Lang

Y mientras tanto Rajoy se está comportando como ese "estupendo" empresario español que para resolver los problemas de su empresa despide y despide hasta que ya no le queda empresa.

No da para más.
Magnífico artículo de Ignacio Ramonet...

"Unas políticas que condenen a sectores de la ciudadanía a la exclusión, a la imposibilidad de vivir una vida digna, deberían ser consideradas ilegítimas. Y el Gobierno español, después de seis meses de arrastrar los pies, como dicen algunos, con las medidas anunciadas por el presidente Rajoy se está situando al borde de la ruptura del pacto social que está obligado a defender."

"Los españoles no podemos elegir si hacemos o no sacrificios. No tenemos esa libertad”, ha dicho el presidente. Unas frases así un gobernante sólo debería pronunciarlas un minuto de antes de presentar su dimisión. Si no es capaz de hacerse responsable de las políticas que dicta, un jefe de gobierno no debe continuar."

La irresponsabilidad del presidente
PASTORAL

Extraña textura la del silencio de este fulgurante amanecer
en el que pérdidas y promesas se entrelazan
como una pastoral de silenciosas plegarias
pronunciadas por una coral del negras alas blancas.
En esta transparente hora en punto
de lo que translúcido ya no puede esperar más
reventando estrepitoso,
inexorable la claridad avanza
y descuenta el tiempo su callada deuda
eliminando una blanca piedra negra de la balanza.

miércoles, julio 11, 2012

Apuntes sobre el debate en el Congreso de los Diputados:

- El presidente del Congreso parece que acaba de comerse un buey... y no es la primera vez que sembra como mínimo una incómoda dispepsia. Sería un buen casting de gobernador disoluto en una peli de piratas. Sólo le falta la peluca.

- Da mucha pena Rajoy enfrentado a sus propias palabras y a la contradicción... bueno... la verdad es que no me da ninguna pena. Se lo merece aunque sólo sea por negar la evidencia de la intervención que se deduce de esa contradicción.

- Rubalcaba ha hecho un discurso Tampax... Nada se ha notado, se ha movido y lo que es más importante ha traspasado. Creo que es otra manifestación del Principio de Peter que dice que uno asciende en las organizaciones hasta ocupar un puesto para el que no está cualificado. Su virtualidad educada en el mundo paralelo de la casta política no se adapta en fondo y forma a las exigencias extremas de esta realidad... por no hablar de un pasado que la locura de esa misma virtualidad le llevó a pensar que sería tan superable como en otras ocasiones.
Como se descuide, Izquierda Unida aparecerá muy pronto en el retrovisor... aunque no se lo que opinará la T de Student de los tecnócratas a los que siempre termina por sorprender la realidad... bueno... la negación es un mecanismo psicológico muy poderoso.
Como se descuide la política española será como una de esas carreras de Fernando Alonso en que el segundo y el tercero se olvidan del primero y se dedican a pelear por la segunda plaza... Ya se sabe hay facturas que pagar.

- Se nota que la inmersión lingüística en el catalán de Durán i Lleida va viento en popa.

- Cayo Lara está aprovechando su oportunidad y Rosa Díez se estremece.

- Y Rosa Díez ha hecho un discurso de estadista... la perfecta encarnación del espíritu aventurero del mejor PSOE... Será una demagoga, pero tiene bastante sentido todo lo que dice... Otra extraña contradicción, pero ya se sabe que hay algunos que no tenemos ni idea y que necesitamos que nos expliquen las cosas.


El Rojo y el Blanco....

Dos apuntes sobre la Eurocopa...

¡Maravilloso!

"Tampoco fue así. El tipo de las pecas, recién convertido en Campeón de Europa por segunda vez, recién nombrado mejor goleador del torneo, reciente su enésima demostración de que no caben las críticas donde no caben y de que no merece ninguna de las constantes faltas de respeto que recibe, hizo el pasillo al rival vencido, recogió su medalla, celebró el alzamiento de la copa, se fue a la grada, levantó los brazos y se llevó en volandas a una niña con coletas y un niño con chupete. Se fue al centro del campo, se hizo cargo de la muñeca de su hija cuando ésta se cansó de llevarla, le dio un balón a su hijo y se dedicó a tirar confetti, junto con su mujer, a los niños del resto de jugadores."